Famosas y escorts: de Gran Hermano hasta Hollywood

No hay que ser un adivino para saber por dónde puede ir el futuro “profesional” de aquellas personas inicialmente anónimas que en un momento de su vida deciden presentarse a algún programa de telerrealidad –aunque altamente guionizada- o reality show cuando se trata, sea en el subformato que sea, de aparecer en las pantallas de los espectadores llevando a cabo las acciones más cotidianas o aquellas en las que uno se muestra más vulnerable, ya que eso puede meterte en el mundillo de scorts barcelona y dar mucho dinero.

Desde el decano, aquella primera edición de Gran Hermano del año 2000, hasta otras fórmulas como Supervivientes, Adán y Eva, Mujeres y hombres y viceversa e incluso los programas de talentos en los que los concursantes tratan de saltar a la fama con sus ¿habilidades? musicales o de otros tipos, la gente que quiere salir en televisión haciendo de protagonista partiendo de unos orígenes anónimos y una relación nula o casi nula con los medios de comunicación es exhibicionista. Quiere obtener la fama a cualquier precio y lo cierto es que lo consigue, independientemente del éxito que logre en el programa propiamente dicho.

El precio de la fama

El simple hecho de aparecer durante un tiempo más o menos prolongado en televisión hace que cientos de miles -o incluso millones- de personas sepan qué nombre hay que asociar a esa cara y ese cuerpo, aunque no siempre puedan decir dónde la han visto, qué voz tiene o qué es lo que hace exactamente en la tele.

No es en absoluto extraño, entonces, que después de aparecer en estos programas muchas concursantes quieran sacar rendimiento a su fama adquirida y acudan a eventos, por poner un ejemplo claro y evidente las fiestas en discotecas a las que acuden las (y los) concursantes del mencionado programa de “cortejo” de la antaño conocida como “tu pantalla amiga”, lo que sin duda lleva a esta gente a hacer muchos contactos, y es entonces cuando se producen los cambios de trayectoria.

Aprovechando la fama que han conseguido, muchas exconcursantes, actrices en los inicios más verdes de sus carreras, algunas presentadoras y actrices de renombre y otras mujeres conocidas llegan a ofrecer servicios de acompañamiento o prostitución de lujo, lo que se conoce con el glamuroso nombre de escorts.

Se trata simplemente de rentabilizar una imagen deseada por muchos, ya sea por su belleza objetiva o por la propia fama, y hacerlo en un ámbito en el que lo que prima es la discreción. Las escorts se arriesgan a ver mancillada su imagen pública a cambio de sumas altísimas de dinero, pero es que los hombres que pueden pagarlas son los primeros interesados en que estas relaciones se mantengan en secreto, de forma que estamos hablando de un win-win. Lo que no impide que a veces se filtre información.

Estas situaciones también se dan en Hollywood, aunque en ese caso los nombres de los que se rumorean casos de prostitución –tanto en mujeres como en hombres- se asocian más bien a “pagos en especie”, es decir ascensos meteóricos de las carreras interpretativas a cambio de favores sexuales. Sea como fuere, la sexualización de una cara y un cuerpo bonitos es un paso relativamente fácil para cualquier famoso en horas bajas o aspirante a celebridad.

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