La sublimación literaria de los paisajes agrarios

Los objetivos de la Ley de espacios agrarios son, por un lado, definir bien qué son estos espacios e identificar aquellos que tienen un alto valor agrario, con el objetivo de preservarlos, y, por otro lado, poner en funcionamiento un mecanismo que permita movilizar al máximo las tierras en desuso, con transparencia y garantías, para tener el máximo de superficie agrícola en condiciones de producción para avanzar en la soberanía alimentaria, garantizar la gestión sostenible del medio y favorecer el relevo generacional, cosa que facilitará que más jóvenes se puedan incorporar a la actividad agraria y el dimensionado de explotaciones profesionales que lo necesiten.

Esta información se vincula con los valores no cuantificados que aportan la agricultura y el campesinado. Pero también liga con los valores de paisaje y con las reflexiones que aporta un libro que hace pocas semanas que ha llegado a las librerías, Lo sublimo contemporáneo. Paisajes de la perplejidad (editorial Ámbito), de Pere Sala y Martí, actualmente director del Observatorio del Paisaje de Cataluña.

Paisaje sublime contemporáneo

Es un libro de fotografías hechas por él mismo, con la aportación de textos propios y de cinco estudiosos del paisaje desde ámbitos diversos: la geografía, la historia del arte y la estética, y la arquitectura. Porque las imágenes sirven de pretexto para interrogarse y reflexionar sobre cómo ha cambiado la idea de paisaje sublime desde el romanticismo (y de antes y todo), y qué es la atracción del abismo contemporáneo, que marca hoy el paisaje sublime.

Y digo que el paisaje sublime contemporáneo es vinculado al agrario porque, tal como escribe a comienzos del libro el geógrafo Francesc Muñoz, director de la colección: «El crecimiento de las ciudades y la urbanización del campo, la construcción del territorio y la destrucción de los hábitats naturales han sido la cara A y B de la modernidad de los siglos XIX y XX en todo el planeta.»

La peculiar visión del arte

El libro de Pere Sala combina la mirada entrenada y afinada de un especialista en paisajes con la reflexión sobre uno de los grandes temas del humanismo, el paisaje sublime, abordado por la filosofía y la historia del arte de tal manera que han determinado profundamente en la cultura occidental como nos conmovemos ante un paisaje, de una natura salvaje de belleza exaltada.

Ahora esta naturaleza toma otras dimensiones, ligadas a la intervención desproporcionada y agresiva del hombre a y las consecuencias que se derivan. Las fotos de Pere Sala muestran a menudo el abandono de grandes infrastructuras industriales, pero también la inmensidad de paisajes que parecen infinitos. Muy a menudo su mirada también aporta una ironía que hace sonreír y que siempre es una lectura polisémica de la imagen.

Tal como el geógrafo Joan Nogué explica en el prólogo con gracia narrativa y expresiva: «La experiencia del sublime adquirió gran relevancia al siglo XVIII, y fue entendida a partir de Edmund Burke como un temor controlado que genera placer estético, que atrae el alma y es presente en aquello que es inmenso, aquello infinito, el vacío, la soledat, el silencio; es una belleza extrema capaz de conducir a quien lo experimenta al éxtasis que va más allá de la racionalidad